lunes, 2 de noviembre de 2009

Fábulas sobre la democracia (I)

¿Cuándo es que se tiene que escuchar la voz de la mayoría? ¿Cuál es la diferencia entre "escuchar la voz de la mayoría" y "que decida la mayoría"? ¿Las masas de individuos siempre tienen la razón?

Desde hace tiempo ha rondado la cabeza de muchos la idea de realizar una consulta o plebiscito para solucionar el problema de la ocupación del auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Pensemos en una historia alterna algo exagerada que una vez contó el abuelo Buitragues a su nietesín:

"Don Juan tenía una tienda de abarrotes en la colonia San Pedro el Alto, la tienda se llamaba 'Doña Lucha'. Un buen día llegaron un grupo de individuos y mientras Don Juan dormía tomaron su tienda por asalto, se instalaron en ella y se declararon los nuevos administradores del local. Al despertar y darse cuenta del despojo, Don Juan intentó hablar con estas personas, pero como era evidente que ninguna razón que pudiera darles los convencería de que se fueran (pues de lo contrario ¿qué sentido habría tenido tomar la tienda por asalto?); Don Juan decidió acudir con las autoridades.

La policía le dijo que no podría sacar por la fuerza a los forajidos pues se violarían sus derechos humanos: Don Juan tiene que esperar el resultado de un largo papeleo y averiguaciones previas. Entonces Don Juan fue a ver a un abogado y éste le dijo que si intentaba llevar a juicio el caso, demandando por despojo a los agresores, podría ganar el caso... en unos tres años.

Decidió pues regresar y ver qué pretendían sus agresores, pues cualquier otra vía de solución parecía muy difícil a estas alturas. Estos se negaron a dialogar con él, más aún, siendo que se atrevió a hablar con la autoridad judicial... '¿Pues por quién nos tomas?' -le dijeron.

Don Juan buscó el apoyo de varios de sus vecinos. Aunque estaban concientes de que era peligroso intentar hacerle justicia a Don Juan por su cuenta, decidieron que era mejor idea demostrarle a las autoridades que no tenían por qué tener absurdos reparos en la aplicación de la ley. ¿Cómo hacerlo?... pues con una carta firmada por todos los vecinos.

Aunque no todos pudieron firmar la carta, y aunque algunos se abstuvieron ('no me vayan a asaltar mi licorería... o no vayan a desquitarse de alguna forma'); la carta tuvo un buen número de adherentes.

Sin embargo los asaltantes alegaron que Don Juan se inventó las firmas y que aquello no tenía legitimidad. Llevaron entonces a un grupo de personas para hacer un mitin afuera de 'Doña Lucha' y declararon que Don Juan ejercía un injusto monopolio con el comercio de abarrotes en la comunidad. Dijeron que ellos tomaron la tienda porque es un símbolo en la lucha por la emancipación de las clases oprimidas. Expropiando a este pequeño burgués le demostrarían al gran capital dónde está la fuerza. El siguiente objetivo, decían, es Wal Mart.

Decoraron la tiendita con consignas en contra del mal gobierno, en contra de la guerra yanqui, inclusive se consiguieron algunos indígenas que antes pedían limosna en la calle o en el metro para que ahora pidieran limosna en el territorio liberado... bueno, para que vendieran sus productos en el territorio liberado.

En pocos meses ya había gente que efectivamente pensaba que el tal Don Juan era un ojete, que se aprovechaba de las necesidades de los habitantes de San Pedro el Alto, que los libertadores de la tiendita eran un dolor de cabeza para las opresivas autoridades de la comunidad. La verdad es que las autoridades judiciales se hacían de la vista gorda y su único dolor de cabeza era el desesperado Don Juan que ya no hallaba qué hacer.

Ante tales circunstancias parecía ser que para Don Juan la única forma de recuperar su patrimonio era acudiendo al apoyo de sus vecinos. Esta vez no fue con una demanda colectiva para que las autoridades hicieran uso de sus facultades. Esta vez se propuso una votación: 'Que se vayan los nuevos dueños de la tienda' o 'que se queden'."

-¿Pero cómo abuelito?- repone el pequeño Buitragues- ¿por qué hacen esa consulta si se supone que se habían apropiado de la tienda por la fuerza?

-Pues no estoy muy seguro.

-¿Y si la gente votaba 'que se queden'?

-Se decidió que si así resultaba Don Juan debía dejar de molestar.

-Pero si era suya la tienda... ¿o no?

-Pues sí...

-¿Entonces podemos votar para que me quede con el PSP de mi primo Evaristo, que es un payaso?

-Bueno mi historia no iba a eso.

-¿Entonces cuál es la moraleja abue?

-Ya vete a dormir Buitragues, que mañana vas a la escuela.

4 comentarios:

  1. Estamos abiertos a discutir y platicar con ustedes las propuestas que tengan. Incluso las de las votaciones. Pues como bien ha comentado alguien de manera insistente: lo que buscamos es una solución, la mejor posible.

    Vendrán más "Fábulas de la democracia".

    Hasta luego.

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  2. Fantástica!, esperaré con mucho gusto las siguientes.

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  3. Pues yo me sé la segunda parte, pero esto es como Star Wars, que se empieza por la mitad, se sigue por el principio y se acaba por el final.

    Hace más tiempo un grupo de paracaidistas se aposentaron en un paraje y después de muchos años de trabajo comunitario y de administación conjunta de los ingresos, pudieron poner una cooperativa en la que podían, gracias el esfuerzo de todos, adquirir abarrotes y demás enseres por 20 centavos.

    En una ocasión, durante ese lapso, cayeron los granaderos a intentar desalojarlos y, en primera línea, la brava Doña Lucha y otras doñas les hicieron frente. Los policías llevaban órdenes claras y repartieron parejo, Lucha moría en el hospital de Xoco una semana después. Fue por eso que la cooperativa llevó el nombre de la valiente caída.

    Cosas como esas pasaban en muchas partes y muy seguido, al punto de que el gobierno tuvo que reconocer a los nuevos barrios con sus cooperativas, e inclusive reconocerles uno que otro derecho social.

    Pero las cosas cambiaron con las décadas, las cooperativas y los derechos sociales habían permitido que surgieran clases medias que podían consumir ya no los pobres artículos de las tiendas comunitarias, sino los de las tiendas más grandes que empezaban a crecer. Pues, crecieron tanto que saturaron los mercados y aún tenían un chingo de dinero para invertir. Pero pues ya no había en qué, porque en lo que se podía gastar era en lo que los pobres compraban a precios bajos y recibían como derechos. Pero a los señores ricos esto les pareció obstáculo leve, y se amafiaron con los gobiernos, extorcionándolos para que acabaran con las cooperativas y con los derechos y así poder ser ellos los que vendieran todo.

    La cosa no podía hacerse tan fácil, porque aquellas cosas de las que los tenderos grandes querían deshacerse eran muy queridas por la gente. Entonces el respectivo gobierno se amachinó con uno del pueblo de los paracaidistas, un tal Juan, para que pusiera tienditas donde vendiera más barato que en la cooperativa y le fuera comiendo el mandado. El cabrón de Juan era listo y con el tiempo tenía ya un emporio de tienditas auspiciadas, claro está, por los tenderos grandes. Pero estos tenían más y más dinero que no había donde meter. Fijaron su atención en la cooperativa Doña Lucha, porque allí se movía requete harto billete, y le dijero a Juan que se fuera sobres. Como la comunidad no quizo vender, el listo de Juan se acercó a Pancho, el más guey y el más ojete de los comuneros, que por entonces le había tocado administrar la cooperativa, y le dijo que si se la vendía le iba a tocar una mochadota- Pancho no dudó y vendió. Acto seguido Juan se hizo llamar Don, y dijo, "ya chingué, propiedad privada".

    Y unos cuantos comuneros a los que ya les había prometido también una tajada dijeron "a huevo, propiedad privada", y así se empezaron a pelear entre quienes querían que se expropiara a Juan y quienes lo defendían, estos últimos alegando siempre el mentado estado de derecho.

    Entonces los más jóvenes del barrio dijero "ni madres, propiedad pública", y se encapucharon y tomaron la tienda una noche. Seguros de que en plebiscito, consulta o asamblea, la comunidad los apoyaría.
    Salud.

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  4. Jajjajajaj la historietita del Chalo está bien pendeja. Se nota de manera muy sobresaliente que tienes una gran cantidad de mierda almacenada en la cabeza, ¿la mamada que escribiste qué pedo? Jjajajajajajjaja

    Ni ganas me dan de contestarte.

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